“Que haya protocolos de actuación dentro del sistema de salud sigue siendo la asignatura pendiente”

Tina Belando, psicóloga del Comité Antisida de Valencia

El Comité Antisida de Valencia desarrolla desde 2017 un programa de intervención en salud sexual dirigido a hombres que tienen sexo con otros hombres y personas trans usuarias de chemsex, con presencia tanto en entornos sanitarios como en aplicaciones de contacto. Solo en 2025, el programa realizó 2.856 intervenciones online, llevó a cabo 1.457 pruebas de detección precoz y atendió psicológicamente a 232 personas, además de realizar 264 derivaciones a otros recursos.

Para empezar, ¿podrías contarnos cuál es tu rol dentro de la organización?

Soy psicóloga sanitaria, especializada en adicciones y en psicología afirmativa, y además también soy sexóloga. Dentro del Comité estoy implicada en varios programas, no tengo un único espacio de trabajo. Por un lado, parte de mi jornada la paso en el centro de baja exigencia del Marítim, que es un recurso para personas en consumo activo. Luego, además, llevo los grupos de ayuda mutua vinculados al VIH: tenemos el grupo “clásico”, que es por la mañana, y luego otro grupo mensual por la tarde, que está pensado para perfiles más heterogéneos, gente que trabaja, que estudia… es más intergeneracional.

También dinamizo los grupos de mujeres con VIH, que se hacen en determinados momentos del año, y luego, en relación con el chemsex, participo tanto en grupos como en atención individual. Ahí tenemos dos tipos de grupos: uno para personas que están en un proceso más inicial, muchas veces con objetivo de abstinencia, y luego otro grupo de mantenimiento, para personas que llevan más tiempo y que necesitan ese seguimiento más a largo plazo. Y además de eso, hago atención individual a personas con uso problemático, tanto si quieren dejar el consumo como si están en reducción de riesgos o simplemente necesitan acompañamiento.

¿Cuándo comenzasteis a abordar el chemsex y en qué contexto?

Empiezo a trabajar en este ámbito en 2018, en otra entidad en Valencia, y el programa del Comité también arranca más o menos en ese momento. Cuando llegué al Comité en 2023, el programa ya estaba en marcha, sobre todo en la parte de cibereducación y atención en el CIPS y hospitales, pero sí que es verdad que cuando entré empezamos a notar mucho más la demanda.

Sobre todo después de la pandemia, ahí hay como un punto de inflexión bastante claro, empiezan a llegar muchos más casos, y en Valencia además con una particularidad muy concreta, que es el consumo de alfa, que está generando cuadros bastante complejos, con sintomatología psicótica, y que requiere mucha coordinación con salud mental.

En esos inicios, ¿qué nivel de conocimiento había sobre la práctica?

Los casos empiezan a llegar antes de que tengamos una formación específica en chemsex como tal. Es decir, sí que teníamos formación en adicciones, en salud sexual, en intervención con población LGTBI… pero todo eso como separado, como en compartimentos estancos. No había una formación que integrara todo eso en la realidad del chemsex.

Al principio empezamos a intervenir con esas herramientas que ya teníamos, pero luego sí que hemos tenido que formarnos de manera específica para poder integrar todos esos conocimientos y entender bien el chemsex en su conjunto.

¿Cuáles fueron los principales retos en ese momento?

Uno de los principales retos fue que había muy pocos profesionales formados, sobre todo dentro del sistema público. Quiero decir, en las unidades de conductas adictivas o en salud mental había muy poca gente que conociera el chemsex, y muchas veces eran estos recursos los que derivaban a las entidades comunitarias porque no sabían muy bien cómo abordarlo. Al final, las entidades estábamos asumiendo ese papel más especializado.

Eso sí que ha ido cambiando con el tiempo. Por ejemplo, en Valencia ahora se está generando una red, se han hecho formaciones específicas, y eso ha permitido que haya más profesionales que conocen la práctica y que se pueda trabajar de manera más coordinada.

¿Qué papel ha jugado la Red Estatal de Chemsex?

Para mí ha sido fundamental, porque yo empiezo en 2018 en un contexto en el que prácticamente no hay espacios para compartir. Y claro, el poder tener un espacio donde compartir experiencias, donde ver lo que está pasando en otros territorios, donde aprender… eso es clave. Porque además sabes que lo que está pasando en otros sitios probablemente va a llegar también.

Y luego hay otra cosa que para mí es muy importante, la red no es solo de psicólogas, sino que es multidisciplinar, y además incluye a personas usuarias. Estos contextos son fundamentales para que las profesionales sepamos cuál es su demanda, cuál es su vivencia y qué cosas debemos mejorar para que el servicio sea lo más productivo posible.

¿Qué ha supuesto para vosotras el intercambio con otros recursos?

Para mí ha sido muy enriquecedor, porque aunque ya existía relación previa, no es lo mismo coincidir en jornadas que sentarte a hablar en profundidad.

En mi caso, por ejemplo, llevaba años derivando personas al CIPS, incluso acompañando a usuarios, pero no nos habíamos parado a compartir realmente cómo trabajamos, cuáles son las dificultades, las limitaciones… Esta experiencia ha facilitado mucho la comunicación. Ahora hay un contacto mucho más directo, más fluido, y eso al final mejora la atención.

¿Crees que puede generar nuevas formas de colaboración?

Sí, porque al final ese espacio de sentarse juntas genera una sinergia que no se da de otra manera. Eso hace que cuando surgen necesidades, sea más fácil plantear cosas juntas, estructurar respuestas o pensar proyectos.

¿Cómo valoras la respuesta institucional?

Creo que en Valencia se han hecho cosas, y el desarrollo del programa o las formaciones son un ejemplo. Pero también creo que falta consolidar esa respuesta.

Para mí hay dos líneas muy claras: por un lado, dotar al tercer sector de recursos específicos para el chemsex, porque ahora mismo estamos haciendo muchas cosas pero sin subvenciones específicas. Y por otro lado, dentro del sistema público, siguen faltando recursos y formación. Sobre todo protocolos claros, porque en muchos casos —por ejemplo en urgencias— sigue habiendo mucho desconocimiento. Que haya protocolos de actuación y de abordaje dentro del sistema de salud o dentro de recursos sociales, para mí, sigue siendo la asignatura pendiente.

¿Qué perfiles profesionales consideras clave en el abordaje del chemsex?

Por todos los elementos que implica el chemsex, el abordaje tiene que ser necesariamente multidisciplinar. Es decir, no solo salud mental, sino también trabajo social, educación social… porque hay una afectación en muchas áreas de la vida.

Y luego, para mí, la sexología es fundamental. Porque muchas veces intervenimos desde la sustancia, pero si no trabajamos la sexualidad, es muy difícil que la persona pueda sostener cambios. Estamos abordando el chemsex como adicción a la sustancia y desde ahí se interviene para que la persona deje de consumir, pero nos estamos olvidando de que la persona seguramente tenga recaídas o no tenga una satisfacción vital si no recupera lo fundamental, que es su sexualidad, y que forma parte de su propia identidad.

¿Qué importancia tiene el feedback de las personas usuarias?

Es fundamental, en todos los niveles. Hay que escuchar a personas que tienen un problema y a las que no lo tienen, porque eso permite intervenir a todos los niveles y poder hacer propuestas y proyectos desde la prevención hasta la intervención.

En la intervención, la figura de pares es muy importante, porque hay mucho estigma, mucha dificultad para pedir ayuda, mucha sensación de soledad. Y el poder encontrarte con alguien que ha pasado por lo mismo facilita mucho ese proceso.

¿Cuál es el perfil de la persona usuaria de chemsex en Valencia?

Es bastante heterogéneo, pero sí que hay un perfil mayoritario de hombres cis gays, y luego de forma más residual personas trans o no binarias. La edad sigue estando bastante en la franja de los 30-40, pero sí que estamos viendo cada vez más gente joven. Y en Valencia hay una especificidad muy clara, que es el consumo de alfa, que además está generando cuadros con mucha sintomatología psicótica y dependencia muy rápida.

¿Cómo crees que evolucionará esta práctica?

Es una práctica que está en alza, que se está generalizando, y uno de los grandes retos va a ser la prevención. Ahora mismo muchas personas empiezan a consumir sin tener información suficiente, y eso hace que en muy poco tiempo desarrollen una adicción.

También creo que va a haber una necesidad creciente de recursos, porque la demanda ya está aumentando muchísimo. Por ejemplo, los grupos de ayuda mutua hace unos años prácticamente no existían y ahora no damos abasto. Eso indica que vamos a tener que estructurar mucho mejor la respuesta y dotarla de más recursos.

Artículos relacionados