Víctor Baceiredo comenzó en el año 2009 poniendo en marcha el Programa de Pares en el Hospital Universitario Virgen de la Macarena, en Sevilla, de la mano de su mentora, Reyes Palacios. Gracias a su formación en terapia Gestalt, poseía habilidades en counselling, lo que le abrió muchas puertas. No solo le ayudó en su propio proceso, sino que también le brindó herramientas para atender a las personas usuarias de manera efectiva.
En 2017, Reyes Palacios le cedió el Programa en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, también en Sevilla. La integración de su figura como par en el equipo médico, junto con los resultados obtenidos, han convertido el Programa de Pares en un recurso esencial para mejorar la calidad de vida de las personas. Este programa proporciona habilidades para afrontar el estigma y la discriminación percibida, y también para evitar la autodiscriminación.
Llevas muchos años acompañando a personas con VIH y formando a nuevas personas pares. Cuando miras hacia atrás, ¿cómo sientes que ha evolucionado tu manera de entender y ejercer este trabajo?
Con el tiempo te das cuenta de que ejercer como par no consiste únicamente en ofrecer información. Comprendes que el acompañamiento pasa no solo por escuchar, sino también por compartir, con humildad y sin juicios, tus propias vivencias desde la experiencia de quien ha recorrido un camino similar.
Es como una conversación íntima entre dos personas vulnerables, porque es precisamente en esa vulnerabilidad compartida, vivida y experimentada, donde reside el verdadero poder del par. Mis mayores maestros han sido personas que me han mostrado con naturalidad sus propias vulnerabilidades. Han sabido hacerme sentir que eran un espacio seguro en el que podía expresar las mías sin ser juzgado, haciéndome sentir verdaderamente acompañado. Y es desde ese lugar desde donde mejor podemos acompañar a otras personas.
Nosotros no somos psicólogos, pero sí podemos haber vivido situaciones similares a las de la persona a la que acompañamos. Ese recorrido nos ha obligado a aprender, y ese aprendizaje nos permite orientar y guiar desde la experiencia, mostrando caminos que nosotros mismos hemos transitado. Con nuestras vivencias podemos iluminar un lugar que, para quien acaba de llegar, suele estar lleno de miedos e incertidumbres.
Nuestra experiencia, unida a la capacidad de derivar a los profesionales que consideramos más adecuados para cada situación, nos sitúa en un lugar privilegiado dentro de la relación de ayuda. Nos permite comprender cómo el hecho de vivir con VIH está afectando a la calidad de vida de la persona y acompañarla desde una mirada integral. Siempre desde el respeto, escuchando y ofreciendo únicamente aquello que la persona necesita en cada momento.
Al principio ves usuarios a los que intentas ofrecer todo lo que puedes. Con el paso de los años, dejas de ver usuarios y empiezas a ver personas a las que aprecias, de cuyas vidas conoces una parte y que también conocen algo de la tuya. Descubres que el simple hecho de que sepan que estás ahí cuando te necesiten reduce gran parte de su ansiedad y hace que el camino sea mucho más llevadero. Un camino que, de otro modo, puede hacerse tan cuesta arriba que termine convirtiéndose en un muro que bloquee la posibilidad de ser feliz. Y tú eres, precisamente, la prueba de que no tiene por qué ser así.
“El acompañamiento pasa no solo por escuchar, sino también por compartir, con humildad y sin juicios, tus propias vivencias desde la experiencia de quien ha recorrido un camino similar”
¿Has observado cambios en los perfiles de las personas que se forman como pares? ¿Qué aportan estas nuevas experiencias y miradas al programa?
Cada vez el perfil es más joven y, dado que muchos de los nuevos usuarios del Programa de Pares son personas migrantes, especialmente procedentes de América Latina, este perfil responde mejor a las necesidades y realidades de los nuevos tiempos.
Es importante reflexionar sobre la importancia de la Escuela de Pares como fuente de formación para una profesión que aporta tanto a la mejora de la calidad de vida de las personas con VIH como de su red de apoyo. Podemos afirmar que contribuye a reducir costes sanitarios gracias a su impacto en la mejora de la salud física y mental. Además, trabaja otros aspectos relacionados con la calidad de vida, ofreciendo apoyo en ámbitos como la orientación laboral, el desarrollo de habilidades sociales o el acompañamiento en las relaciones afectivas y sexuales. Todo ello se traduce en un menor número de consultas médicas y en una mejor salud mental.

¿Y cómo han cambiado las personas que llegan al servicio? ¿Detectas nuevas preocupaciones o necesidades?
Sí. Detecto una necesidad cada vez mayor de intervenciones relacionadas con el chemsex problemático, así como un aumento de las derivaciones a recursos comunitarios, que siguen siendo insuficientes para abordar esta realidad.
Al mismo tiempo, observo un incremento del número de personas en situación de sinhogarismo, usuarios que se ven obligados a vivir en la calle por falta de recursos. También realizamos un mayor número de intervenciones debido al aumento de los casos de infecciones de transmisión sexual (ITS), incluyendo el estudio de las cadenas de contactos para facilitar la derivación al sistema sanitario o a los recursos comunitarios.
Leonel acaba de empezar como par y este intercambio ha sido su primer acercamiento al programa y a cómo funciona. ¿Qué aspectos consideras prioritarios en esta fase inicial?
Quizá la Escuela de Pares sirva, principalmente, para aplicar in situ todos los conocimientos aprendidos previamente. Conocer el funcionamiento del Programa en otros hospitales permite descubrir distintas formas de trabajar e incluso identificar la posibilidad de ofrecer servicios que hasta ese momento no se habían planteado.
También resulta de gran ayuda observar la integración con el equipo sanitario y comprender cómo debe ser ese intercambio bidireccional de información para que el usuario o paciente pueda mejorar tanto su salud física como el abordaje de sus necesidades psicosociales.
“Detecto una necesidad cada vez mayor de intervenciones relacionadas con el chemsex problemático”
Después de todos estos años como educador y mentor, ¿cuál dirías que ha sido una de las mayores enseñanzas que te han dejado las personas a las que has acompañado o formado?
Una de las mayores enseñanzas que recibes de este trabajo es que, cuando ofreces una relación de ayuda, recibes a cambio un enorme cariño y afecto. Es una recompensa que vivo plenamente y que me hace sentir un privilegiado por formar parte del Programa.
Ver cómo mejora la vida de los usuarios y comprobar que nuestro apoyo es tan importante para ellos como en su día lo fue para mí es algo que da verdadero sentido a la vida. Y es que… Estamos destinados a ser a veces faro, a veces mar.
Pero eso sí, para recibir, empecemos por dar. Esa es una de las conclusiones más valiosas que me ha dejado este camino.
¿Qué te gustaría ver en el futuro para la Escuela de Pares?
Me gustaría ver una Escuela de Pares consolidada, profesionalizada y con un mayor reconocimiento institucional y económico.
También me gustaría que las personas pares pudieran acceder, como parte de su formación, a una experiencia práctica de calidad junto a profesionales ya consolidados, porque esa experiencia resulta imprescindible para desarrollar plenamente el papel de acompañamiento.


