“Formamos parte de un engranaje cuyo único fin es mejorar la calidad de vida de la persona con VIH”

Para comenzar, ¿podrías presentarte y contarnos cómo surge tu interés por formarte para acompañar como par a otras personas con VIH?

Soy Leonel Navarro y tengo 27 años, fui diagnosticado hace 4 años. Mi interés por formarme como educador par nace de mi propia experiencia viviendo con VIH y de esa necesidad entre iguales de que nadie debería caminar este camino en soledad. Cuando recibes el diagnóstico el impacto emocional y el miedo al estigma pueden ser abrumadores, y eso te llena la mente de nubes grises, cargada de pensamientos pesados y ruidosos. Desde mi vivencia esa parte pude afrontarla gracias al acompañamiento de mi madre, que se informó correctamente y me despejó de esas nubes que nublaban mis días.

Ahora que ya he superado esos temores y me he formado apropiadamente, he decidido dar el paso. Y así transformar mi propia vivencia en una herramienta de apoyo, aceptación y empoderamiento para quienes hoy reciben el diagnóstico y necesitan saber que se puede tener una vida plena.

“La formación me ha permitido unificar todos mis conocimientos previos, estructurarlos técnicamente y aprender a aplicarlos con seguridad”

Antes de este intercambio ya habías participado en espacios como ACCAS y Generación Positiva. ¿Qué te han aportado esas experiencias y de qué manera crees que te han preparado para dar este nuevo paso?

Mi experiencia en ACCAS me ha aportado la perspectiva de la atención directa y la experiencia a nivel local, enseñándome el valor y la importancia de crear un espacio seguro, libre de prejuicios y de total confianza para las personas. Allí he aprendido la importancia de la escucha activa y del apoyo integral.

Por otro lado, Generación Positiva me dio una visión más amplia, conectándome con el activismo joven, diverso y estatal. Me demostró el poder de la red entre comunidad, de la incidencia política y la urgencia de renovar los discursos para derribar el estigma social desde una mirada de juventud, sin quitarle peso e importancia a todas esas cosas. Generación Positiva me ha brindado familia, un grupo de amigxs que me recargan de energía, felicidad y apoyo. Siempre esperando las actividades para coincidir todxs y compartir momentos inolvidables.

Estas vivencias me han dado madurez, empatía y herramientas de comunicación necesarias para dar este nuevo paso. La formación del programa PARES me ha permitido unificar todos mis conocimientos previos, estructurarlos técnicamente y aprender a aplicarlos con seguridad dentro de un entorno tan imprescindible como es la consulta hospitalaria.

Este ha sido tu primer acercamiento a un programa de pares integrado en el entorno hospitalario. ¿Con qué expectativas llegaste y qué has descubierto durante esta experiencia?

Llegué a Sevilla con expectativas muy centradas, sobre todo con la curiosidad de ver cómo encajaba el apoyo comunitario dentro de una gran estructura como es un hospital público. Ya que desafortunadamente en estos tiempos donde más se ha registrado estigma hacia las personas con VIH ha sido dentro de contextos hospitalarios.

Sin embargo, mi gran descubrimiento en el Hospital Virgen del Rocío ha sido presenciar la gran integración del programa y profesionalidad del educador PAR. Demostrando cómo nuestra labor alivia la carga de las consultas médicas, resolviendo dudas cotidianas sobre el tratamiento, el estigma o la salud emocional de los usuarios, volviendo al educador un intermediario sociosanitario vital.

Ya has podido conocer el funcionamiento del programa, sus protocolos y la coordinación con el personal sanitario. ¿Qué aprendizaje te llevas de esta primera aproximación?

El aprendizaje más valioso que puedo llevarme es el éxito del apoyo entre iguales, esta aproximación me ha enseñado a estructurar mis habilidades comunicativas, y a basar mis intervenciones en la evidencia y las vivencias, pero sobre todo entender que formamos parte de un engranaje cuyo único fin es mejorar la calidad de vida de la persona con VIH.

“Es sanador ver que mis propias vivencias y dificultades pasadas pueden transformarse hoy en un faro de esperanza para otra persona que acaba de recibir su diagnóstico”

¿Qué has sentido al empezar a prepararte para acompañar a otras personas con VIH? ¿Hay algún aspecto de esta responsabilidad que te ilusione especialmente o que también te genere dudas?

Empezar esta preparación me ha hecho conectar con un abanico de emociones muy profundas. Por un lado, es sanador ver que mis propias vivencias y dificultades pasadas pueden transformarse hoy en un faro de esperanza para otra persona que acaba de recibir su diagnóstico, formar parte de esa transformación es una motivación increíble.

Por otro lado, no niego que me genera dudas el manejo del desgaste emocional. Cada persona llega a la consulta con una mochila de vivencias diferentes, mi mayor interrogante es establecer esa separación saludable para ofrecer un acompañamiento empático y de calidad, sin que las realidades tan duras terminen afectando mi propio bienestar emocional. Afortunadamente, comprobar cómo la red de pares se apoya entre sí me ha dado tranquilidad para afrontar este reto.

“Como migrante, puedo trasladar un mensaje rotundo. Porque yo sí estuve donde los usuarios están ahora, entiendo sus miedos”

Eres una persona joven y migrante. ¿De qué manera crees que tu propia trayectoria puede ayudarte a conectar con personas que compartan algunas de esas experiencias?

A través de estos años de conocimientos y de experiencia en el activismo he descubierto una herramienta maravillosa y es que mi camino como persona joven y migrante no es un impedimento, sino una fortaleza a la hora de conectar con los demás. El VIH no afecta a todo el mundo por igual, ni distingue entre razas, orientaciones sexuales o clases sociales, pero cuando al diagnóstico se le suma el desarraigo de estar lejos de tu país, la falta de una red de apoyo familiar cercana, la incertidumbre administrativa y la inestabilidad laboral, el impacto psicológico se multiplica.

Haber transitado esa misma realidad me permite conectar realmente, libre de juicios y de tú a tú. Sé perfectamente lo que es sentir miedo a acudir a un hospital por temor a la situación legal, o el peso de ocultar el diagnóstico a tu familia en tu país de origen por miedo al rechazo a la distancia. Como joven, puedo romper las barreras del lenguaje formal y combatir la desinformación. Como migrante, puedo trasladar un mensaje rotundo. Porque yo sí estuve donde los usuarios están ahora, entiendo sus miedos y sé que se puede salir adelante.

Mirando hacia el futuro, ¿qué esperas poder aportar tanto al programa como a las personas que acompañes?

Mirando hacia el futuro, aspiro a ser un agente de cambio y un pilar de confianza. A las personas que acompañe, espero poder aportarles un espacio seguro de validación, escucha y paz. Poder transmitirles la seguridad de que el diagnóstico no define sus vidas ni limita sus sueños.

Al programa PARES espero aportar la energía, el compromiso y la mirada fresca de una persona joven y migrante. Espero que con mi integración el programa siga creciendo, y se mantengan representadas las realidades y la calidez que esta labor merece.

¿Qué te gustaría ver implementado en tu hospital o entidad después de este intercambio?

Tras ver de primera mano el éxito del modelo en Sevilla, me gustaría ver implementadas un par de acciones en mi entorno local. Una de ellas es el establecimiento definitivo del educador Par dentro de la consulta médica hospitalaria en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y que el acompañamiento entre iguales sea visto como un eslabón protocolizado y natural dentro del itinerario en el hospital. También me gustaría que los aprendizajes de entidades veteranas en este programa fluyeran de manera continua hacia las asociaciones locales y así fortalecer esta red para unificar criterios, compartir buenas prácticas y asegurar que la formación mantenga los mismos estándares de calidad.

Para terminar, ¿te gustaría añadir algo más sobre tu experiencia o sobre el impacto que los educadores pares tienen en la vida de las personas con VIH?

Para terminar, me gustaría recordar que la medicina y los tratamientos antirretrovirales salvan vidas y hacen que el VIH sea intransmisible, pero desde mi reflexión debo acotar que los educadores pares salvamos la salud emocional y la dignidad de las personas. El impacto de un par va mucho más allá de una conversación en una sala de hospital, mi experiencia en Sevilla me ha demostrado que cuando una persona se ve reflejada en otra que camina con seguridad, el estigma empieza a disolverse de inmediato.

Espero que mi paso por este programa sirva para seguir abriendo caminos, para que la juventud y la población migrante encuentren siempre un espacio seguro donde ser escuchadas, y para recordar que el VIH también se combate en la comunidad.

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