A las mujeres que vivimos con VIH nos encanta participar en espacios feministas. De hecho, muchas de nosotras también estamos en la comunidad de Mujeres VIHVAS cuyo Grito de Guerra es “Juntas y Vihvas”. Intentamos crear redes de apoyo entre nosotras.
Este 8 de marzo, muchas de nosotras salimos de nuevo a las calles para hacer frente a un sistema capitalista y patriarcal, que sigue condicionando nuestras vidas y que actualmente se ve reforzado por el auge de fuerzas reaccionarias. Se recortan derechos, se debilitan las políticas públicas de igualdad, se criminaliza la protesta y se normaliza la violencia contra mujeres y disidencias.
Se profundiza en la privatización y el deterioro de los servicios públicos, impulsando la mercantilización de la salud y la educación y precarizando las condiciones de vida de quienes sostienen el territorio con su trabajo: remunerado y no remunerado, reconocido y no reconocido.
Este sistema agrava las desigualdades y empeora la calidad de vida de las mujeres que vivimos con el VIH y demás mujeres y disidencias como: la desigual distribución de oportunidades, barreras de acceso a recursos, exclusión laboral de personas con VIH , trans, no binarias y otras identidades disidentes, estigmatización de las trabajadoras sexuales y explotación constante de nuestros cuerpos y tiempos para el beneficio de quienes más acumulan.
Exigimos, junto todas las feministas la regularización ya y la derogación de la ley de extranjería que condiciona la vida de las personas migrantes al imposibilitar la negociación de condiciones laborales dignas y al acceso al sistema de salud. Exigimos también un plan estatal de cuidados y apoyo a los servicios autogestionados y cooperativos de ayuda mutua, que ayude a redistribuir el trabajo de cuidar; exigimos el acceso universal a la vivienda cuya dramática situación afecta, sobre todo, a mujeres, personas disidentes, migrantes y racializadas. Exigimos la eliminación de la brecha salarial, laboral y de pensiones.
Exigimos que se apliquen ya en nuestro ordenamiento jurídico, para todas las personas, los 11 Derechos mínimos que se aprobaron en la ONU:
- El Derecho a la Libertad Sexual.
- El Derecho a la Autonomía Sexual, Integridad Sexual y Seguridad del Cuerpo Sexual.
- El Derecho a la Privacidad Sexual.
- El Derecho a la Equidad Sexual
- El Derecho al Placer Sexual.
- El Derecho a la Expresión Sexual Emocional
- El Derecho a la Libre Asociación Sexual.
- El Derecho a Hacer Opciones Reproductivas, Libres y Responsables.
- El Derecho a Información Basada en el Conocimiento Científico.
- El Derecho a la Educación Sexual Comprensiva.
- El Derecho al Cuidado de la Salud Sexual.
Y para finalizar, las mujeres que vivimos con VIH y los feminismos en general no podemos desvincularnos de las amenazas globales. Denunciamos el genocidio en Palestina y las guerras y violencias en el Sáhara, Sudán, Congo, Myanmar, Venezuela, Yemen, Irán o Ucrania, así como la responsabilidad del Estado español y la Unión Europea en la industria armamentística, el control de fronteras y el saqueo de territorios del Sur Global. Denunciamos también la guerra económica contra Cuba, que asfixia la vida cotidiana de su pueblo.
Denunciamos la instrumentalización que se hace de nuestros cuerpos de mujer, de las violaciones sistemáticas en los conflictos bélicos.
Nuestra lucha no tiene fronteras y hoy, más que nunca, es necesario nombrar estas violencias que no son más que imperialismo neocolonial. Las guerras y genocidios que asolan el mundo continúan devastando vidas, culturas, territorios y genealogías. Exigimos justicia, libertad, retorno y autonomía.
Hoy más que nunca necesitamos sostener la colectividad y fortalecer nuestras alianzas feministas, antirracistas y de clase. Llamamos a la autoorganización, a la construcción de redes comunitarias y a la ocupación del espacio público. Reclamamos, además, transiciones ecosociales que garanticen la vida en un planeta cada vez más devastado por las políticas neoliberales e imperialistas.
Apoyamos también a quienes, atravesados por la masculinidad, cuestionan sus mandatos hegemónicos y rechazan la violencia estructural, física y simbólica que sostiene este orden. La transformación exige implicación colectiva y responsabilidad compartida.
No vamos a sobrevivir en este sistema, sino que vamos a transformarlo.
Lourdes Navarro
