armen tiene VIH. Cuando le diagnosticaron, el VIH era mortal. Le habían sentenciado a muerte, pero veía cómo pasaban los meses y afortunadamente esto no sucedía. Sintió la necesidad de hacer algo con ese tiempo, fuera el que fuera, que le quedaba. Entonces una psicóloga del Hospital Marqués de Valdecilla donde le trataban le habló de la Asociación Ciudadana Cántabra Antisida (ACCAS) y, poco a poco, esta santanderina empezó a colaborar con esta organización: limpiaba cristales, hacía acompañamiento sociosanitario, atendía a personas con exclusión social y ofrecía información y empatía a quien acudía al centro. Una empatía que, subraya, “hoy en día falta en la sociedad”.
Este es el día a día de una mujer con VIH.
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