Cuando se habla de VIH, lo primero que suele venir a la mente es el control de la carga viral o el acceso a terapias antirretrovirales. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible de la vida con el virus que afecta de manera profunda la salud y el bienestar. Se trata del descanso nocturno.
Una revisión científica internacional publicada en The Lancet HIV analiza cómo las alteraciones del sueño siguen siendo frecuentes entre las personas que viven con VIH, incluso cuando la terapia mantiene la infección bajo control.
La publicación sintetiza múltiples estudios y concluye que quienes tienen VIH, incluso con carga viral indetectable y buenos niveles de CD4, presentan mayor incidencia de sueño de mala calidad y patrones de descanso fragmentado en comparación con la población general, una situación que en muchos casos no encaja en diagnósticos de la medicina del sueño bien definidos, como el insomnio crónico o la apnea obstructiva. Estas dificultades se asocian con cansancio diurno, menor funcionalidad mental y emocional y un mayor riesgo cardiometabólico.
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